El peso welter de 20 años sueña con ser uno de los grandes; mientras, ve con desagrado la violencia en Méxicoy afirma que nunca dejará Guadalajara
Son las 7:30 horas en el bosque de Los Colomos. En una de las puertas de acceso, me entretengo observando a los deportistas más madrugadores que abandonan este hermoso parque a paso veloz, energizados, mientras otros apenas llegan, haciendo sus ejercicios preparatorios, sacudiéndose la flojera y el frío.
En una esquina espero junto con el fotógrafo de esta revista. Conversamos, titiritando un poco, frente a un enorme eucalipto de esos que ya sólo se pueden encontrar en un parque como éste. Al poco aparecen un par de chicas, de jeans y mochila, así como dos camarógrafos hablando en inglés y dándole sorbitos a su café. Vienen de la cadena HBO para hacer un programa especial sobre Saúl “Canelo” Álvarez. Antes de que podamos desesperar, llega el “Chepo” Reynoso, mánager del joven boxeador, saludando de mano a todos. Echa un telefonazo para confirmar que sí, que aquí estamos ya todos, aguardando al que promete ser el nuevo ídolo del deporte mexicano.
“Chepo” es un hombre de 57 años, complexión robusta, nativo de Moyahua, Zacatecas, quien, en sus 25 años de carrera, ha manejado a boxeadores como Alejandro “Cobrita” González y Oscar “Chololo” Larios. Conoció a Álvarez hace casi siete años cuando Rigoberto, hermano mayor del pelirrojo y boxeador en ese entonces, decidió llevar a éste al Gimnasio “Julián Magdalena”, que estaba ubicado en la colonia Santa Cecilia. Álvarez era un niño al que “Chepo” pronto comenzó a gritarle con cariño: “¡Canelito, Canelito!”.
—¿Cuál fue la primera impresión que usted tuvo cuando vio al Canelo?—, le pregunto al mánager.
—Bueno, fue una impresión rara porque es un muchacho raro: pelirrojo, pecosito. En el boxeo no se dan mucho estos casos. Empezamos a trabajar con él, a entrenarlo, y vimos que tenía mucha facilidad para aprender todo lo que se le enseñaba y lo demás fue dándose en el camino.
Álvarez tenía entonces sólo 14 años. Algunos meses más tarde, la fama del “Canelo” como bravo fajador había crecido tanto que los demás boxeadores amateurs se rehusaban a pelear con él, lo que aceleró su debut como profesional.
—¿Cómo define el carácter del “Canelo”?
—Es un muchacho que tiene mucha seguridad en sí mismo y contagia a los demás. No se amedrenta, sabe lo que busca. Es alegre, con inquietudes, ilusiones, como cualquier muchacho de 20 años.
—¿Cuál diría que es su mayor fortaleza?
—Su espíritu. Es un peleador fuerte que aguanta y resiste… Ahí viene ya, ¿no?
Frente a nosotros, aún en el empedrado del estacionamiento, el boxeador desciende de una flamante moto deportiva. Viste un sobrio conjunto en azul marino. No es muy alto. Quizá lo más llamativo en él sea su moderno corte de pelo con las patillas afiladas y el arete de diamante que brilla en su oreja izquierda. Se acercan dos jóvenes en pants a saludarlo. Son sus compañeros de entrenamiento.
—¿Qué tipo de peleador es el Canelo?—, continúo preguntándole al Chepo.
—Es un boxeador completo que mueve la cintura, ataca, defiende. Todo.
—¿Cuál es su mejor golpe?
—Las combinaciones: el volado de derecha, el upper de izquierda. Tiene muchos.
Aquí está, pues, Saúl Santos Álvarez Barragán, 35 peleas ganadas (26 por knockout), 0 perdidas y 1 empate; la promesa de México en peso superwelter, a quien muchos ya imaginan como campeón en esta categoría. Y es que está más cerca que nunca; la aduana es la pelea del 5 de marzo en contra del británico Matthew Hatton, una vez que el filipino Manny Pacquiao dejó vacante el título.
A unos pasos del boxeador tapatío está, por ejemplo, Ramiro González, un astuto ex periodista deportivo del diario angelino La Opinión y en la actualidad trabaja para Golden Boy Promotions, Inc., la promotora de Óscar de la Hoya, que representa al “Canelo”.
Antes de que la gente de HBO lo acapare por completo, me adelanto para pedirle que iniciemos esta entrevista. El veinteañero tapatío, el menor de siete hermanos cuya infancia transcurrió en El Salto de Juanacatlán, me estudia por un segundo y acepta con un movimiento rápido hacia su izquierda. Nos acompaña también un reportero de un diario de circulación nacional que ha venido especialmente de la Ciudad de México.
—¿Cómo está eso de que eras muy “broncudo” desde chico?—, le digo.
—Sí, desde chico siempre he sido muy peleonero. Ya lo traía en la sangre, pero pues empiezas a entrenar y se te va bajando… Si quieren, vamos por ahí, ¿no?
Para nuestra tranquilidad, el “Canelo” sólo está sugiriendo que nos movamos de lugar, pues el sol ha comenzado a molestarle.
—¿Por qué boxeas?
—Porque me gusta.
—¿Y qué es lo que más disfrutas de boxear?
—Todo, lo disfruto todo: cuando estoy golpeando, cuando me estoy quitando… cuando me aplauden, cuando me entrevistan. Todo disfruto. Es algo que me nace hacer, algo que me gusta de corazón y pues estoy muy contento de que Dios me haya dado este don.
—¿Cómo le haces para vencer el miedo?
—Con preparación. Soy alguien que desde muy chico ha boxeado y nunca he tenido temor de eso. En todo trabajo hay riesgo.
—Tengo entendido que tu primera pelea fue a los 15 años, ¿la recuerdas?
—Sí, claro que la recuerdo. Fue contra Abraham González. Una pelea bastante buena, a cuatro rounds. En el cuarto round noqueé. Era un muchacho bueno. Él en amateur me ganó, pero en lo profesional fue diferente. De ahí me empezó a gustar todavía más el box.
—Con toda la disciplina que llevas, ¿de pronto no te dan ganas de aventar la toalla y vivir la vida que vive la mayoría de los jóvenes de tu edad?
—No, siempre he sido muy sano, nunca he andado en fiestas ni tomando ni nada. Esto es lo que me gusta, nunca he pensado en hacer otra cosa ni lo pensaré, si Dios quiere. Yo lo que quiero es ser alguien en la vida, lo estoy logrando y no pienso desaprovechar esta oportunidad.
“¿Noviero?”, pregunta el reportero del diario. El “Canelo” responde que sí, desde chico, y el periodista sugiere que para un boxeador el “coco” no son las peleas, sino las mujeres.
Saúl afirma que, a pesar de lo que mucha gente piensa, las mujeres no son un distractor. No para él, en todo caso, pues él tiene otra mentalidad.
Cuando se concertó esta entrevista, se me advirtió que lo único que no podría preguntarle al joven boxeador era sobre la ruptura sentimental con Marisol González, Nuestra Belleza México 2002 y actualmente conductora en Televisa. Sin embargo, pronto me doy cuenta que a mi colega es el único tema que realmente le interesa.
Así, llega la andanada de preguntas: ¿Siente el “Canelo” que las mujeres lo distraen sobre su carrera? ¿Sabe que muchas revistas están difundiendo versiones sobre su “truene” con Marisol? ¿Ya le regresó el anillo de compromiso? ¿La extraña? ¿Qué papel jugaron su entrenador y su familia en su rompimiento? ¿Hubo infidelidades?
El “Canelo” ni se inmuta. Mantiene al reportero y a sus preguntas a una distancia segura. Si fuera un contrincante, le estaría dando una serie de jabs.
Dice que un rompimiento la pasa a cualquiera, sólo que el de ellos resalta porque son figuras públicas. Sí, sí había planes de boda, pero ahora está pensando en el ring y no en el altar, lo que no quiere decir que no le duela o no extrañe a su ex pareja.
Aclara que ni su familia ni el entrenador tuvieron algo que ver; de hecho, se llevaban muy bien. El resto, afirma, son inventos de los medios.
Nada de infidelidades, asevera. Y, a pregunta expresa, si se encuentra a Marisol, la saludará.
Acaba el intento del reportero de poner contra las cuerdas al “Canelo”, pero da la impresión de que en este round el jalisciense salió con más puntos.
—Aún no has logrado un campeonato del mundo, pero ya hay millones de personas que han visto tus peleas por televisión, ¿te consideras un ídolo? —, continuo yo con mis preguntas.
—Me gusta más que la gente lo diga, me siento mucho mejor. Yo simplemente hago mi trabajo y me preparo al 100 por ciento para dar lo mejor y que la gente pues me ponga en el lugar que sientan que debo de estar.
—¿A quiénes consideras tus ídolos?
—Julio César Chávez, Óscar de la Hoya fueron los que yo veía y los que han sido mis ídolos. Muhammad Alí también es uno de ellos.
—¿Qué es lo que más te molesta, te duele o te incomoda de la realidad que se vive en México y de todos los problemas que sabemos hay en el país?
—Es muy triste que estemos viviendo esto en un país tan bonito, saber que hay tantas matanzas, tantos robos, tantas cosas así. Es demasiado triste. Hay gente que se va a Estados Unidos porque ya no quiere vivir aquí en México. Hay veces que los gringos no quieren venir por lo mismo. Es algo de lo más triste.
—¿Cuál es tu mayor sueño como deportista y como ser humano?
—Creo que mi mayor sueño es ser uno de los mejores no de México sino del mundo, quedar como un Julio César Chávez, Muhammad Alí. Para eso estoy trabajando y lo voy a lograr. Y como persona, pues yo siempre quiero crecer, cada día quiero aprender muchas cosas. Ojalá que México se componga y que seamos un país muy bonito otra vez.
—¿Cuál es el mejor consejo que te han dado, si es que te lo han dado, para no marearte con el éxito?
—Nunca he tenido un consejo así porque los que me conocen saben que siempre he sido muy derecho con lo mío. Me dicen que hay que tener los pies de plomo y seguir adelante con lo que queremos, que siendo constantes podemos lograr lo que se quiere.
—¿Te gustaría en un momento dado hacer algo para solucionar los graves problemas de contaminación que hay en El Salto?
—Sí, claro. Colaborar en algo sería algo bueno para el pueblo aquel. Creo que sería algo bastante bueno.
—¿Qué te gusta de Guadalajara?
—Todo me gusta, no hay cosa que no me guste. La tranquilidad es lo que más me gusta.
—¿Seguirás viviendo aquí en caso de ser campeón del mundo?
—Sí, claro, aquí seguiré viviendo, campeón o no campeón.
—¿Qué te gusta hacer cuando no estás arriba del ring?
—Me gusta ir al cine, me gusta ir a pasearme, me gusta ir a la playa. A donde me apunte el zapato me voy de vacaciones.
—Si no hubieras sido boxeador, ¿qué te hubiera gustado ser?
—Corredor de carros. Cosas así. Me gusta mucho la adrenalina.
—Se dice también que te gusta la equitación, que tienes unos caballos.
—Sí, también. Desde chico también me han gustado los caballos. Siempre he montado, monto bien y me gusta mucho.
Concluimos deseándole suerte. El “Canelo” agradece el apoyo con una sonrisa franca y de inmediato va a encontrarse con el “Chepo” Reynoso, sus compañeros boxeadores y el equipo de HBO que ya está listo para grabar su entrenamiento. Mientras desciende por una rampa hacia la pista, va sonriente. El fotógrafo le pide que se detenga un momento más. “¿Otra foto?”, pregunta impaciente y muestra los puños a la manera clásica.
Lleva prisa el “Canelo”. Transpira seguridad. Comienza a soltar golpes al aire, al tiempo que brinca, aflojando los músculos. Se enfrasca consigo mismo en una pelea imaginaria. La gloria, lo sabe bien, está a la vuelta de la esquina.