"Santa Fe y Chulavista"
Tan lejos de Dios

los fraccionamientos Santa Fe y Chulavista no viven el optimismo de sus nombres:  en ellos destaca el descuido, hacinamiento y el delito.

Son 300 mil personas. Tantas como reunir al triple de la población de Ciudad Guzmán, Jalisco, y luego meterlos en apenas dos fraccionamientos, en el que sufren de hacinamiento, descuido y la mayoría de los delitos de su municipio.
Se trata de los megadesarrollos habitacionales de Santa Fe y Chulavista, en Tlajomulco. En estos lugares llegan a vivir hasta tres familias en 60 metros cuadrados, más o menos ocho personas por casa en algunos casos. En tan reducido espacio no caben las camas para todos.
“Como somos varios, pues unos (duermen) en el suelo y son dos cuartos bien chiquitos y todos quieren su espacio, pero no se puede, no hay para más, pues”, dice Gabriela Núñez, vecina de la zona.
“Somos tres familias, o sea, mis hijas casadas con el marido, y dos solteros y ya grandes; la más chica tiene 14 años y el otro 18, y mi esposo y yo”.
Los expertos en violencias manifiestan que las condiciones sociales y de vivienda de estos lugares son caldo de cultivo para el crimen organizado. Los factores van desde la lejanía de los servicios, hasta la falta de integración social porque nadie hace propios los espacios públicos.
Los índices delictivos en la zona, según reportan las mismas autoridades del municipio, arrojan que 60 por ciento de los delitos en Tlajomulco se comete en Chulavista, el fraccionamiento de “Los Tiesos”, pero también el de “Los Pelones”.
Son las dos pandillas más conocidas del lugar; agrupan a los jóvenes que quieren ser reconocidos entre los vecinos, los que se merecen un respeto por agresivos y “machines”, dicen los más jóvenes.
Nadie sabe la cifra real de los integrantes, pero son las más numerosas y, por si fuera poco, son pandillas contrarias. Sus territorios son los que se encuentran en las etapas 9, 11 y 19 del conjunto habitacional. También en la 1 y en la 2, donde operan con más intensidad, sobre todo en las noches, haciendo un poco de todo: drogándose, organizando fiestas ruidosas y prolongadas; robando y agrediendo a sus vecinos.
“De hecho, todo el día tenemos que estar con las puertas cerradas con llave, así sea la de la reja o las dos, porque la verdad sí me da miedo salir. Y ya en la noche no salimos, sobre todo por los niños porque, como está muy retirado de la población, yo por la seguridad de mis hijos aunque estemos encerrados”, expresa Elizabeth Maldonado, quien vive en la etapa 14.
Por lo pronto, el ayuntamiento de Tlajomulco mantiene una vigilancia permanente en la zona con 50 elementos de la policía en un operativo especial para disminuir la delincuencia en los desarrollos habitacionales; además, trabajan en la recuperación de espacios, rehabilitando parques y calles.

Apatía y caldo de cultivo
En estos lugares, la mayoría de las casas mide cinco metros de frente por siete metros de fondo. La falta de espacio en el que viven las familias provoca que la convivencia se vuelva difícil. Ni siquiera hay lugar para acomodar una sala y en las ventanas se ve la apatía por tener una casa bien arreglada: usan cartones o sábanas como cortinas y ni qué decir de las fachadas descuidadas, de colores que alguna vez fueron brillantes, pero el sol los volvió pálidos, las lluvias les sacaron escamas y ahora se descarapelan.
En la zona no existen centros de entretenimiento, no hay cines, no hay teatros, no hay una plaza cercana ni centros deportivos adecuados para el buen desarrollo de los jóvenes, más bien se observan los despojos de parques con grafiti y calles como de pueblos fantasma.
“De 30 a 40 por ciento de las casas, sobre todo en Chulavista, están abandonadas; (eran) de personas que llegaron o tuvieron problemas en su casa o llegaron y decidieron regresarse o irse a otro fraccionamiento”, expone el Coordinador de Desarrollo Social de Tlajomulco, Juan Carlos Cornell Nuñez.
Por cada tres casas habitadas se puede ver una abandonada, con los cristales rotos en las dos ventanas que dan a la calle, sin puertas y con la firma del grafiti de los que se apropiaron de ese lugar. En el jardín exterior, las plantas secas están tan crecidas que la vivienda parece un baldío, pero detrás está una de las casas de una sola planta.
Y este abandono es aprovechado por jóvenes que ni estudian ni trabajan, quienes roban, destruyen y hasta les prenden fuego a las viviendas para pasar el rato.
“(Esta situación va) a generar un índice de delincuencia muy importante”, dice Cornell Núñez, como advirtiendo un problema que en realidad ya existe.

De drogas y soledades
Con todos estos focos rojos a la vista, sorprende que la oferta educativa en nivel medio superior sea escasa: existen 17 primarias, 4 secundarias y solo 2 planteles con opción para el bachillerato, lo que resulta insuficiente para atender la demanda de jóvenes en edad de estudiar y que más bien parecen estar aislados del resto del mundo.
Aún más, en Santa Fe y Chulavista a muchos menores en edad de estudiar no les interesa ir a la escuela. ¿La razón para algunos? “Los maestros que son caga vergas”, dice Miguel, un adolescente de 16 años de edad vestido con pantalón blanco y una camiseta con una cruz formada por muchos puntos brillantes y una cachucha con la visera plana, que camina en la soleada Avenida Chulavista acompañado de dos de sus amigos, quienes festejan su comentario.
Con tal de deslindarse de la responsabilidad de aprender, hasta el horario de estudio es buen pretexto. Con una sonrisa irónica, dando un paso hacia atrás, Gustavo de 17 años, que es amigo de Miguel, confiesa que no estudia ni trabaja.
“Yo nunca he estudiado; me tocó en la noche y en la noche no aprendimos nada”.
Echándole el brazo al hombro, su “compa”, sintiéndose orgulloso de lo que acaba de decir, contesta con toda tranquilidad a la pregunta: ¿Pero mientras no haces nada, te drogas? Y de nuevo responde sonriendo: “Sí, sí”.
A la vuelta de la avenida, por la calle Cerro de Santo Tomás, camina una mujer con pantalones flojos a media cadera, azules y de algodón; usa tenis y una blusa de tirantes. Va tambaleándose, pero con cierta calma, misma con la que se atreve a decir a plena luz del día y a mitad de la calle: “Ando bien pacheca”.
Y es que los jóvenes de este lugar aseguran que en cualquier parte se puede conseguir droga. Se refieren a que todo mundo sabe quién la vende, pero se hace poco por evitarlo.

Antes del amanecer
Aquí es así, es como una ciudad aparte, con costumbres diferentes, porque hasta los que trabajan lo hacen de forma distinta. Al menos, desde mucho más temprano.
“La vida allá empieza a las 3 de la mañana. Yo me levanto a las 3 y media para arreglarme y salgo de mi casa a las 4:08; en la esquina veo a otras 2 señoras y caminamos 8 cuadras para tomar el camión”, cuenta Leticia González, ama de casa y trabajadora, al describir una acción que tiene que realizar todos los días por la falta de transporte público eficiente.
Desde aquí, todo queda lejos; por ejemplo, el centro de Guadalajara está a 2 horas, y es prácticamente el promedio de tiempo que tardan los de Santa Fe y Chulavista para llegar a sus lugares de trabajo o a cualquier otro destino todos los días. Con esto, también les han quedado lejos la justicia, la integración social y la sana convivencia.
Aquí caminan mucho o se suben a los “mototaxis” para poder llegar a las avenidas o vialidades donde pueden abordar un camión o comprar la despensa en el supermercado. Este lugar es tan único como su transporte público: los “mototaxis”. No tienen cuota fija, se les paga de forma voluntaria y son nada más 200 los oficiales, los reconocidos por la Secretaría de Vialidad de Jalisco y por el Ayuntamiento de Tlajomulco.
En el mes de diciembre del año 2009 se anunció por parte del Gobierno de Jalisco la construcción de la Línea 3 del tren ligero que recorrería desde Santa Fe, en Tlajomulco, hasta la colonia Las Juntas, en Tlaquepaque; de ahí, continuaría rumbo al poniente bordeando el canal del sur y, de esa forma, se conectaría con la Línea 1 en Isla Raza para poder llegar hasta el Periférico Norte. Estaría lista en el 2012, siempre y cuando las obras de los 16.5 kilómetros de trayecto se iniciaran a principios de este 2011.
Aquí se llega por la Avenida Adolf Horn y después por la Avenida Concepción, o la Avenida de la “Concha”, una vialidad por demás saturada de automóviles y que a veces parece que en algunos tramos es más estrecha, debido a que cada quién quiere pasar primero, ganándole el paso al otro y por donde puede, pero ese es sólo el camino.
En estos fraccionamientos escasean los arboles entre las calles y avenidas, no hay ni una sola sombra para descansar, ni una en algún parque que deje jugar a los niños; las mujeres caminan con sombrillas cubriéndose del sol que aquí parece que, seguro, irradia más calor.
En Tlajomulco se autorizaron, en 2009, 23 fraccionamientos, y en 2010 se autorizaron 5 acciones de desarrollos en las que se contempla la ampliación de algunos conjuntos habitacionales ya existentes. Actualmente, el municipio cuenta con más de 160 fraccionamientos, de los cuales 40 no se han entregado al Ayuntamiento porque tienen servicios deficientes, expresa Jorge García Juárez, director de Ordenamiento Territorial de Tlajomulco.
Aquí en Chulavista y Santa Fe es precisamente a lo que se aferran sus habitantes: a la fe. Para mejorar su vida y para que Dios ayude a los “viciosos”, a los adictos, a los que ni estudian ni trabajan.
“Lo hemos metido a centros de rehabilitación incluso ha estado en el Zapote; toma medicamento, pero igual todavía no se puede controlar. Él queda relegado en todo, en la casa, en el espacio, hasta para trabajar: él no trabaja, pero no hay para más”, cuenta Gabriel Núñez, la vecina con tres familias en su casa sobre su hijo adicto. Lo dice como resignándose, agachando la cabeza.
“O sea, que diga ‘ah, pues tengo esto para vivir a gusto’, pues no, no hay”.
Y es que luego de muchos intentos de que la situación mejore, cuando no sucede nada, se pierde la esperanza. Se va perdiendo la fe.

La radiografía
la densidad poblacional y el porcentaje de habitantes que viven en hacinamiento destacan de entre los indicadores sociales de Tlajomulco.
Población  416,552
Viviendas habitadas  105,945
Extensión territorial  636.93 km2
Densidad poblacional  583 hab/km2
Mayores de 15 años analfabetas  4.88%
Mayores de 15 años sin primaria completa  19.67%
Ocupantes en viviendas sin agua entubada  6.07%
Viviendas con algún nivel de hacinamiento  40.52%
Fuente: Consejo Estatal de Población

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Comentarios
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elizabeth
2011-06-06 20:52:37
es del 23 de febrero del 2011
analuisa
2011-02-23 15:48:40
deberían poner la fecha para saber de cuándo son los artículos.