Semana 50 / 14 de Diciembre de 2017
un sueño “exprés”
Crónica del misterioso anuncio de un proyecto que no fue

EL misterio de aquella mañana del 2010 era prometedor.  contrario a sus costumbres, los reporteros, sus jefes de información y los propios trabajadores de la dirección de comunicación social del Gobierno de jalisco desconocían el proyecto que habría de anunciarse ese mediodía del 14 de junio.
la logística, sin embargo, había sido rigurosamente planeada en sus detalles por los sectores involucrados con el gobierno en el proyecto. el punto de partida resultó ser un andén de la estación de ferrocarril de Ferromex, ubicada en avenida Washington. en el lugar los esperaban unos modernos vagones de tren, marcados en sus costados con la leyenda “vía express”. en la puerta, un mozo ataviado en pantalón negro, camisa blanca, chaleco gris y su gorro de ferrocarrilero, les daba la bienvenida, acompañado de una edecán.
entre risas incrédulas, a bordo de un tren de primer mundo, los reporteros y reporteras acosaban con preguntas a la gente de comunicación  social, quienes reiteraban su desconocimiento con honestidad.  conforme avanzaba el veloz tren de primera clase, las hipótesis de los dos grupos, formuladas al aire con base en las escasas evidencias del momento, apuntaban al probable anuncio de un sistema de transporte público de trenes de lujo para la zona Metropolitana de Guadalajara. al cabo de unos minutos llegaron a uno de los patios, señalado en el itinerario secreto. el conductor de radio pedro Ferriz de con ya se encontraba ahí transmitiendo en vivo para su noticiero nacional. los instalaron en unas sillas de aluminio, frente a una larga mesa de presídium, bajo una elegante carpa blanca. en minutos, la mesa estaba completa: empresarios nacionales, el gobernador emilio González, alcaldes metropolitanos, el director de Ferromex, el líder del sindicato nacional de ferrocarrileros.
antes de que algún orador hiciera uso de la palabra, más de uno de los comunicadores presentes tejía las más brillantes fantasías viales. qué lejos parecían en ese instante aquellos años de 1880 cuando en la zona de san Francisco, en el centro histórico de Guadalajara, el gobernador ignacio l. vallarta autorizó el servicio de “tranvías de tracción animal” que transportaba a los tapatíos y vecinos hasta el santuario. o el 1900 cuando se sustituyó el “ferrocarril de mulitas” por los tranvías eléctricos, que transportaban más usuarios, en rutas más largas e, incluso, en unidades de dos pisos. el monopolio de la alianza de camioneros que surgió en los cuarenta y el esquema de trolebuses o “par vial” de los ochenta parecían estar a punto de recibir una estocada. ahora sí, en unos minutos la nueva era iniciada en los noventa con las líneas 1 y 2 del Tren ligero podría dar un giro inusual y, en lugar de la construcción de las líneas 3 y 4, se podría anunciar un transporte de tren que aprovechara las vías construidas desde el porfiriato para conectar zapopan, Guadalajara, Tlaquepaque y hasta zapotlanejo.
Tomó el micrófono el coordinador de innovación y desarrollo, herbert Taylor, visionario del proyecto, y tras señalar el caótico panorama de la situación vial en la zona Metropolitana de Guadalajara donde lo único claro era el incremento en el número de coches por año pese a las crisis, presentó como alternativa la “vía express”.
en la realidad, de lo que se trataba el proyecto guardado sigilosamente por Taylor durante dos años y medio, y hecho público en ese momento, era la construcción de un viaducto de cuota de 23 kilómetros, sobre vías del tren comprendidas desde avenida patria, hasta la glorieta del Álamo, con 6 mil 500 millones de pesos de inversión privada (el equivalente a todo el sistema integral de transporte público que pretendía realizar el gobierno de González Márquez en su sexenio) para que su majestad el automóvil hiciera tan sólo 14 minutos en conectarse desde zapopan hasta Tlaquepaque y zapotlanejo.
al paso de un año, Taylor ya no está más en el gobierno estatal; las cientos de hojas de su proyecto quedaron sepultadas en alguna caja; el sistema de transporte articulado que él impulsó tampoco prosperó; el Tren ligero a Tlajomulco parece lejano, y el deseo legítimo de contar con un transporte público de primer mundo para los millones de ciudadanos que habitamos la zona Metropolitana de Guadalajara quedó en un lúdico y fantasioso “sueño exprés”, acariciado al vapor de una primavera de junio en el vagón de un moderno tren.

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