Semana 50 / 14 de Diciembre de 2017
Las Elecciones del Miedo

La frontera norte está perdida. Sin embargo, todavía hay quienes piensan que habrá elecciones el domingo primero de julio del 2012 en esas tierras abandonadas por la mano de Dios, en donde cabalgan victoriosos, desde hace mucho tiempo, los apocalípticos jinetes de la guerra y la muerte.

Son las regiones del miedo, que comprenden 13 de las 32 entidades de la República, en donde el Estado ha perdido significación y ha sido fracturado, porque ciudades y pueblos están secuestrados por la delincuencia organizada.

Baja California, Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Durango, Coahuila, Zacatecas, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas, Veracruz, Guerrero y Michoacán están marcados por un signo de interrogación. 

Según la Lista Nominal de Electores, elaborada por el Instituto Federal Electoral, son más de 30 millones de ciudadanos quienes viven en esas entidades donde la inseguridad y el miedo ponen en riesgo los próximos comicios.

Representan casi el 38 por ciento de los potenciales electores, de un total de casi 80 millones de ciudadanos que tendrán credencial para acudir a las urnas, donde tendrían que sufragar por Presidente de la República, senadores (128) y diputados federales (500).

Aún con el respaldo del Ejército, la Marina-Armada de México y la Policía Federal Preventiva, difícilmente habrá héroes suficientes que cumplan con la delicada y riesgosa tarea de ser apóstoles de la democracia, para instalar urnas y contar los votos en esas tierras salvajes donde la barbarie pretende borrar todo rastro de civilidad.

Aunque el IFE y el gobierno federal hicieran su mejor esfuerzo, difícilmente podrían garantizare que algún día próximo, esos millones de mexicanos rescataran y ejercieran su derecho a la paz y la seguridad en regiones martirizadas y en la emblemática frontera extraviada, donde se han perdido sueños y esperanzas.

Es muy probable que el próximo mes de julio la suerte de la Nación tenga que jugarse sólo en el centro y en el sur, porque el norte está prácticamente perdido, extraviado, sin posibilidades de redención en el futuro inmediato. Cuatro de cada diez votos potenciales podrían quedar en el limbo.

 

EL SUR PROFUNDO

 

En los comicios del domingo 2 de julio de 2006, 16 estados del centro-sur del País se expresaron a favor de Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial de la Coalición por el Bien de Todos, que integraron PRD, PT y Convergencia. Las entidades que ganó la izquierda y en las cuales sumó 14 millones 683 mil 96 sufragios, fueron Baja California Sur, Campeche, Chiapas, Distrito Federal, Guerrero, Hidalgo, Estado de México, Michoacán, Morelos, Nayarit, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas.

El candidato presidencial del PAN, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, aseguró su controvertido triunfo, por una diferencia mínima de 278 mil 831 sufragios, preferentemente en los estados del norte del País, en los cuales captó 14 millones 916 mil 927 votos. La diferencia en su favor fue de apenas .56 por ciento.

Los estados donde ganó Calderón Hinojosa fueron Aguascalientes, Baja California, Coahuila, Colima, Chihuahua, Durango, Guanajuato, Jalisco, Nuevo León, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas y Yucatán.

Frente a la incertidumbre que la inseguridad plantea para las elecciones en el norte del país, las regiones centro-sur serán fundamentales para el resultado en el 2012.

Hay ocho entidades que son electoralmente las más importantes, porque suman cada una más de tres millones de ciudadanos con credencial de elector: 1.- Estado de México, 2.- Distrito Federal, 3.- Veracruz, 4.- Jalisco, 5.- Puebla, 6.- Guanajuato, 7.- Michoacán y 8.- Nuevo León.

Sólo esos ocho estados suman más de 41 millones de votos potenciales, más de la mitad de la Lista Nominal nacional.

Hasta el momento está en manos del PRD el Distrito Federal; el PRI gobierna Estado de México, Veracruz, Michoacán y Nuevo León; mientras que el PAN presume tener los gobiernos de Jalisco, Guanajuato y Puebla.

Si observamos con detenimiento, siete de esas entidades electoralmente poderosas y fundamentales están en las regiones centro-sur y occidente del País y solamente una pertenece al norte. Aunque tres de ellas están marcadas por la incertidumbre de la violencia y el miedo: Veracruz, Michoacán y Nuevo León.

El centro-sur parece mucho más estable para garantizar que puedan realizarse comicios razonablemente seguros y confiables. ¿A quién beneficiará esta situación?

 

BELLO PERO FRÁGIL

 

La realidad del País parece estar muy lejos de las preocupaciones de algunos políticos. En forma paralela, cada día se vuelve más enconada la contienda que desembocará en las urnas el domingo primero de julio.

Lo que parecía un paseo por las nubes para el candidato mejor posicionado podría encaminarse inesperadamente hacia una contienda más cerrada, en donde los votos tendrían que disputarse en tercios muy equilibrados entre PRI, PAN y PRD.

El sábado 3 de diciembre del 2011 el precandidato perfilado como amplio favorito para ganar la Presidencia de la República vino a la Feria Internacional del Libro.

Quedó atrapado en su laberinto cuando le preguntaron los nombres y los autores de los tres libros que han marcado su vida. Mostró entonces su verdadera fragilidad.

Tomado por sorpresa y al margen del guión que le permite transitar con seguridad en escenarios amigables, predecibles y controlados, Enrique Peña Nieto exhibió el aspecto más miserable de un personaje fabricado por la televisión en razón de su pulcra imagen, sus delicadas facciones y su vida de telenovela. Bello pero frágil, fue la lapidaria conclusión.

En el cierre del año y en los primeros días de enero las redes sociales se significaron por ser agresivamente severas con un precandidato que no supo contestar con razonable precisión cuál es el salario mínimo de un trabajador en México. Mucho menos se aproximó a adivinar el costo de algunos alimentos básicos. Profundizó la ruta del naufragio cuando pretendió ser honrado y sincero al revelar la paternidad de dos hijos fuera del matrimonio, lo que le acarreó el agrio reproche de la madre de uno de ellos, quien lo tildó de desobligado y falso.

 

LA MEMORIA

 

La encuesta preelectoral publicada por Grupo Reforma el lunes 21 de noviembre del 2005, la última de ese año, reflejaba que en la ruta hacia la disputa de la Presidencia de la República, programada para realizarse el domingo 2 de julio del 2006, había un empate técnico entre los candidatos, Andrés Manuel López Obrador, representante de la izquierda encabezada por el PRD, y Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, del PAN.

Andrés Manuel tenía 29 por ciento de aceptación, contra 28 por ciento de Felipe de Jesús. En la tercera posición aparecía, con un 21 por ciento, el precandidato priista Roberto Madrazo Pintado.

Calderón Hinojosa obtuvo la victoria con el 35.89 por ciento de los votos, contra 35.31 por ciento de López Obrador. Apenas una diferencia de 0.58 por ciento, menos de un punto de distancia entre ganador y perdedor. Fue el desenlace de un proceso electoral envenenado por las injerencias ilegales tanto del entonces presidente de la República Vicente Fox Quezada, como de las cúpulas empresariales, que estigmatizaron al candidato de izquierda, al calificarlo como “un peligro para México”.

El domingo 4 de diciembre del 2011, a ocho meses de distancia del proceso electoral presidencial del domingo 1 de julio del 2012, Grupo Reforma publicó su última encuesta preelectoral del año, en la que aparece perfilado para el triunfo el aspirante priista Enrique Peña Nieto, con 49 por ciento de las preferencias. En segundo lugar hay un empate técnico entre Andrés Manuel López Obrador de la alianza de izquierda encabezada por el PRD, con 26 por ciento de votos potenciales, contra el 25 por ciento de aceptación que refleja la precandidata panista Josefina Eugenia Vázquez Mota.

En 2006 Calderón Hinojosa repuntó espectacularmente porque tuvo todo el abrigo del aparato del gobierno federal encabezado por Fox Quesada, quien estaba obsesionado con impedir la llegada de López Obrador a la Presidencia de la República, afán al que se sumaron las cúpulas del sector privado.

En la próxima elección, nuevamente todo el aparato del gobierno federal panista estará respaldando a su candidato presidencial. Pero enfrente, Peña Nieto, estará abrigado por los gobernadores de las 20 entidades que están en poder del PRI.

En tanto que el soporte del candidato de izquierda radicará en los miles de comités que el Movimiento de Renovación Nacional (Morena) ha integrado en los más recientes cinco años. López Obrador ha recorrido el País, de punta a punta, por lo menos tres veces. Esa estructura, aún siendo real, es todavía una gran incógnita, con respeto a su peso y penetración electoral.

 

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